Cuéntame de los días en que somos nada,
en los que recorremos el espacio vacío de la casa
y no logramos encontrarnos.
Piénsame aún cuando pienses en otro,
en silencio y con delicadeza mi voz gritará en tu conciencia,
y veremos el amanecer desde tu mirada.
Déjame ver entre tus ojos mis ojos,
para saber que vives aún cuando no siento tu pálpito,
y será pecado lo que atrás queda.
Sedúceme inconsciente con la bruma en tus dedos,
dedos que han recorrido mi esencia en el aire,
y que hablarán algún día de nuestra historia.
Para finalizar, deseo que cuando llueva el fuego
te mojes en las lágrimas que brotan del cielo,
y recuerdes que en cada una de ellas está tatuado mi nombre.

























